viernes, 10 de abril de 2009

Conoce por que tu perrito come heces fecales

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Coprofagia y pica

http://publications.royalcanin.com/renvoie.asp?type=1&cid=124188&id=102470&com=6&animal=0&lang=5&session=768956

Definición

Coprofagia
Según el sentido etimológico del término, la "coprofagia" se define como la ingestión ("-fagia") de excrementos ("copro-").
Se trata de un trastorno del comportamiento alimentario de los carnívoros domésticos, que excluye el lamido fisiológico de las heces de los cachorros pequeños por la madre.

Pica
La "pica" es un trastorno del comportamiento alimentario, a menudo relacionado con una gastritis crónica, que consiste en una propensión a ingerir pasto, tierra, piedras, etc., o lamer materiales del entorno (suelo, paredes, etc.).

Factores favorecedores

En general, los excrementos en los que persisten nutrientes poco digeridos o sin digerir (grasas, fibras musculares, almidón, etc.) siguen siendo "apetitosos", tanto para el perro que los elimina como para sus congéneres. Por esta razón, no hay que buscar siempre la causa de un comportamiento coprófago en el perro que come heces, sino, a veces, en los demás ejemplares del mismo box.

Predisposiciones

- Algunas razas rústicas, como el Perro de pastor de Beauce, los perros de caza y los perros nórdicos, padecen con mayor frecuencia deficiencias de amilasa (enzima que degrada el almidón) y, por lo tanto, son más propensos a la coprofagia que otros. Cuando el perro que padece coprofagia pertenece a una de estas razas, después de descartar las demás causas posibles de este trastorno, hay que instaurar una dieta limitada en almidón o someter las raciones a tratamientos térmicos (cocción) o mecánicos (trituración) que mejoren su digestibilidad.
- Con frecuencia, los perros dominados se revuelcan en los excrementos de los dominantes, para impregnarse de los mensajes químicos (feromonas) que estos emiten. Estos mismos ejemplares también están predispuestos a la coprofagia.
- Asimismo, las reprimendas del propietario o el criador a un perro que ha hecho sus necesidades en un lugar inadecuado pueden incitar al animal a hacer desaparecer sus deposiciones mediante un comportamiento coprófago.

Causas

La persistencia de elementos sin digerir en las heces puede deberse a diversas causas.

Parasitosis intestinales
Muchos parásitos intestinales pueden originar un fenómeno de malabsorción y maldigestión en los perros y alterar así la asimilación de los hidratos de carbono, las proteínas y los lípidos de la ración. Los ascáridos, los anquilostomas, los tricuros y las giardias son los parásitos intesti nales más frecuentemente hallados en los análisis coproparasitológicos de muestras conjuntas en perreras donde se observa coprofagia. Por lo tanto, este análisis debe realizarse de manera prioritaria. En el 90 % de los criaderos con casos de coprofagia el análisis coproparasitológico de muestras conjuntas es positivo para por lo menos un parásito intestinal. Cabe señalar que este trastorno del comportamiento alimentario con-tribuye al desarrollo completo de los ciclos parasitarios en las perreras y, por lo tanto, a la transmisión y el automantenimiento del ciclo vicioso "maldigestión-coprofagia".

Trastornos del comportamiento
La "competición alimentaria" entre varios perros puede favorecer la aceleración de la velocidad de ingestión de las comidas y el sobreconsumo de alimentos, lo que conduce a la mala asimilación de los nutrientes. Por consiguiente, las heces pueden contener sustancias sin digerir y presentar así palatabilidad residual.
El aburrimiento, el encierro, el estrés y la ansiedad pueden ocasionar un episodio transitorio de coprofagia.
Este trastorno del comportamiento se propaga rápidamente, por imitación, a todos los perros del criadero o la residencia canina.

Deficiencias enzimáticas

Diversas deficiencias enzimáticas, ya sean de origen pancreático, hepático, biliar o intestinal, favorecen la eliminación de sustancias sin digerir en las heces, las fermentaciones y las putrefacciones en el colon (que originan borborigmos y flatulencias) y la proliferación bacteriana.
Entre estos trastornos, la insuficiencia pancreática exocrina congénita (frecuente en perros de razas grandes predispuestas, como el Pastor ale-mán) o adquirida (p. ej., como con-secuencia de pancreatitis aguda) es, sin duda, la más difundida en la especie canina.
La insuficiencia pancreática exocrina se manifiesta clínicamente por polifagia (aumento del apetito), adelgazamiento y eliminación frecuente de heces pastosas, de aspecto graso y descoloridas.

Gastritis crónica
Contrariamente a lo que muchos piensan, la mayoría de los casos de pica no se deben a un parasitismo (a veces, se cree que el animal "se purga" comiendo pasto) ni a una carencia de aporte o de absorción de nutrientes, sino a un fenómeno de "irritación estomacal", que conduce al perro a ingerir o lamer todo tipo de material no comestible y, preferentemente, rico en fibras solubles (lignina de la madera, etc.) para "rascarse" el estómago. La coprofagia puede entonces ser incluida en el comportamiento de "pica" y ciertos perros coprófagos pueden clasificarse entre los pacientes que padecen
potencialmente gastritis crónica. Es importante tener esto en cuenta, puesto que la gastritis crónica predispone al síndrome de dilatación y torsión del estómago en los perros de razas grandes.

Mala digestibilidad del alimento
La administración de alimentos poco digestibles de mala calidad –cada vez menos frecuente– conduce a un desequilibrio de la flora bacteriana colónica de origen glucídico (cereales, fibra vegetal, etc.) o a la producción de residuos pútridos por mala digestión de las proteínas (alimentos con colágeno mal cocido, tendones o queratina de pelos, cuero, cuernos o plumas). Esta materia fecal alterada es repugnante para el hombre, pero puede poseer palatabilidad residual para los perros y, por lo tanto, incitarlos a la coprofagia.

Excrementos de animales de otras especies
El 50 % de los perros sanos comerían, si pudiesen, heces de gatos. Por lo tanto, no hay que considerar el consumo ocasional de excrementos felinos como un trastorno del comportamiento alimentario en el perro. Asimismo, la ingestión de excrementos de vaca o caballo por los perros de granja se relaciona más con un comportamiento general de pica que con una verdadera coprofagia.

Riesgos relacionados con el comportamiento de coprofagia

La coprofagia comporta pocos riesgos sanitarios para los perros, cuya acidez gástrica puede neutralizar la mayoría de las bacterias potencialmente patógenas. Las toxiinfecciones alimentarias colectivas son excepcionales en las perreras.
El principal riesgo relacionado con la coprofagia en un criadero es la transmisión de parásitos. En efecto, la coprofagia, ya sea involuntaria (contaminación de las escudillas con materia fecal) o voluntaria, favorece la transmisión por vía fecal-oral de quistes de Giardia o formas resistentes rápidamente infestantes (ooquistes de coccidios o de criptosporidios).

Tratamiento

La elección del tratamiento depende, evidentemente, de la causa primaria de la coprofagia, cuando ha sido posible identificarla. Para elegir un tratamiento, hay que tener en cuenta las condiciones de cría (modo de distribución del alimento, composición de la ración, comportamiento alimentario de los perros, entorno de los animales, etc.) y realizar previamente una verdadera "encuesta" para tratar de identificar al primer perro que presentó este trastorno, propagado luego a los demás.
De esta manera, es posible, por ejemplo, distinguir entre una enzootia de giardiosis (propagación pro gresiva de los trastornos), una insuficiencia pancreática aislada (todos los perros consumen las heces provenientes del mismo animal) o una diarrea por sobreconsumo alimentario (aceleración del tránsito intestinal originada por una competición por el alimento o una situación de estrés colectivo).
No obstante, cuando en una perrera se presentan casos de coprofagia, es aconsejable tomar sistemáticamente las medidas que se detallan a continuación, sea cual fuere el origen de los trastornos.

Tratamiento del parasitismo intestinal
Cualesquiera que sean los parásitos identificados, hay que considerar que todos los perros están potencialmente infestados y tratarlos simultáneamente (a veces durante 5 días consecutivos, en caso de tricurosis), sin olvidar desinfectar los locales del criadero ni la posibilidad de contaminación a través del pelaje (sobre todo en caso de giardiosis).
La elección de los productos antiparasitarios depende del ciclo vital del parásito causal y de su modo de acción. Por esta razón, ante un caso de coprofagia en un criadero, no hay que administrar antiparasitarios internos "a ciegas" (sin análisis coproparasitológico previo): el problema no radica en la eventual toxicidad del tratamiento, sino en su ineficacia.
Cuando el análisis coproparasitológico es positivo, el tratamiento antiparasitario es a veces suficiente para atenuar la coprofagia en menos de una semana. No obstante, es importante acompañar el tratamiento médico de una terapia conductual para "deshabituar" paulatinamente a los perros que presentan este comportamiento.

Tratamiento de los excrementos
Durante la terapia de "descondicionamiento", es preciso limpiar los excrementos en cuanto son eliminados, lo cual exige mucho tiempo y disponibilidad por parte del personal del criadero. Es posible provocar una aversión en los perros coprófagos, para que asocien la ingestión de heces con una sensación desagradable inmediata (collar teleaccionado, pistola de agua, etc.). Asimismo, se puede recurrir a otras estratagemas, como espolvorear los excrementos con pimienta u otras sustancias repulsivas para los perros (mostaza, pimiento molido, quinina, etc.). Por último, en ciertos casos, es posible atenuar los fenómenos de coprofagia añadiendo levadura de cerveza a la ración, probablemente por modificación del olor de las heces.

Modos de alimentación
El análisis al microscopio de los excrementos con palatabilidad residual para los demás animales aporta mucha información sobre el origen
de esta palatabilidad. Cuando este análisis objetiva maldigestión proteínica (p. ej., persistencia de fibras musculares no hidrolizadas en las heces), malasimilación lipídica (persistencia de glóbulos de grasa) o maldigestión amilásica (persistencia de granos de almidón), es preciso instaurar un tratamiento dietético del perro afectado, para adecuar los aportes alimentarios a sus capacidades digestivas y, por lo tanto, eliminar la causa primaria de coprofagia. Si este análisis pone en evidencia trastornos de la asimilación en todos los perros del criadero, sin parasitosis asociada, es aconsejable optar por un alimento más digestible, generalmente con menor contenido de grasa y fibra.
Por último, es aconsejable limitar la velocidad de ingestión de las comidas. Para lograrlo, se puede distribuir el alimento "a voluntad", para limitar la competencia alimentaria, o fraccionar las raciones. Asimismo, es posible separar los perros durante las comidas, instalar un "distribuidor de croquetas" que regule la ingestión de alimentos (p. ej., comederos para aves) o desparramar las croquetas en grandes fuentes, para incitar a los perros a "picotear" en vez de "engu-llir" las raciones.

Modificación de las condiciones ambientales
Cuando se han descartado las demás causas posibles de coprofagia, se puede considerar la hipótesis de coprofagia psicógena. En este caso, es aconsejable analizar todos los elementos del entorno del criadero que puedan inducir estrés, aburrimiento o ansiedad en los perros. En estos casos, es útil promover las distracciones (ejercicio, juguetes, agility, etc.), evitar las puniciones inadecuadas e incluso, en los casos extremos, instaurar un tratamiento ansiolítico, como complemento de la terapia de descondicionamiento.

Conclusión

Para corregir la coprofagia en una perrera es preciso investigar su origen mediante una verdadera encuesta. El veterinario tiene actualmente a su disposición una serie de exámenes complementarios económicos, que le permiten identificar la mayoría de las causas de coprofagia o pica.




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